¿Por qué acudir a un psicólogo/a?
Nos podemos plantear acudir a un psicólogo cuando atravesamos un momento difícil en nuestra vida. Ya sea porque ha ocurrido algo externo difícil de asimilar o porque internamente nos sentimos tristes, ansiosos, tenemos un conjunto de emociones, sentimientos y pensamientos que nos hacen pasarlo mal y que quizá no entendemos. Además, esta situación se prolonga en el tiempo y lo que hacíamos en el pasado para encontrarnos mejor ya no nos sirve.
Sin embargo, cuando pensamos en terapia, en acudir a un psicólogo, pensamos que sólo hay que ir cuando estamos pasando por una depresión, ansiedad muy alta, ataques de pánico… Estamos acostumbrados a esperar hasta el último momento, a ir poniendo parches, a el “yo puedo con todo”, a no ser conscientes de que podemos vivir de otra manera y no hace falta llegar a sentirnos tan mal. Puede que hayamos interiorizado que la terapia está solo para cuando ya no queda otra solución.
Pero no es así, podemos ir, por ejemplo, cuando notemos que siempre nos cuesta tomar decisiones, cuando sentimos que no disfrutamos como nos gustaría, cuando tenemos una sensación de insatisfacción general, cuando notemos una tristeza, enfado, frustración de manera constante o cuando el miedo, el agobio, la angustia domina nuestra vida… Si sientes que te pasa esto, o algo parecido, y que se mantiene en tu vida durante un tiempo, es el momento de acudir a un profesional.
Estas situaciones, y otras muchas, pueden producir cambios en nuestro día a día, en nuestras rutinas, provocando que disfrutemos menos de la vida y que suframos más de la cuenta.
Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, pedir ayuda a un psicólogo puede ayudarnos a sentirnos mejor, más aliviados, disminuir el malestar, entender qué nos ha llevado a esa situación y trabajar para salir de ella. Tener un espacio seguro donde una persona te escuche, te acompañe y te ayude en el proceso por el que estés pasando, favorece elaborar la situación que estás viviendo y que puedas encontrarte mejor.
En el mundo actual parece que no podemos pararnos porque si no perdemos el tren, perdemos el ritmo, bajamos el rendimiento… y nos quedamos atrás. Pero se nos olvida que pararnos a descansar, beber agua y reponer fuerzas es indispensable para poder seguir caminando. La terapia puede ser ese descanso tan necesario para soltar la carga y poder seguir caminando y disfrutar más del camino e, incluso, vislumbrar otros caminos diferentes. El camino no tienes por qué hacerlo solo/a
